“Esta imagen del agua viva puede dar vida a todos los Jesuitas en tanto que servidores de Cristo en su misión, porque...

CG 35, d2, n12

Pentecostés
Material de formación y oración para trabajar en el tiempo de Pentecostés en comunidad.

¿Qué es Pentecostés? ¿Qué sucedió?


Hay momentos que definen una vida. Pentecostés, el relato con el que se cierra el tiempo de Pascua y retomamos el tiempo ordinario, es uno de esos momentos. Para los discípulos supone confirmar una experiencia, una certidumbre y la misión. Han pasado por un tiempo de preguntas y de búsqueda. Han empezado a experimentar la convicción de que Dios ha resucitado a Jesús, pero que no seguirá con ellos de la misma manera –y eso lo expresa definitivamente ese relato de la Ascensión, que la liturgia celebra un domingo antes de Pentecostés–. Y ahora, al fin, encuentran la respuesta. El espíritu de Dios, espíritu de Jesús, está ya para siempre con ellos y se convierte en fuente de fortaleza, de esperanza, de sabiduría y de valor para cada uno de ellos. El relato de Pentecostés contiene todos los contrastes que tan bien definen la experiencia de la resurrección: el paso del encierro en que se encuentran los discípulos a la plaza pública, donde acabarán predicando. El paso del silencio de quien aún espera respuestas, a la proclamación de quien ya sabe lo que tiene que decir. El paso del temor, o al menos de la prudencia de quien siente que aún no es el momento, a la valentía de quien se expone con toda libertad. Y el paso de la incomunicación de quienes no se comprenden a la familiaridad de quienes comparten lengua y, por ello mismo, se entienden. Pentecostés es un momento fundacional, un momento definitivo. Es como el empujón de salida que desencadena un movimiento imparable. A partir de aquí, ya nada puede ser lo mismo. Ahora es el tiempo de la iglesia, de la misión, de la verdad proclamada de otra forma, y del espíritu de Dios que late en cada uno de nosotros.

Para entender hoy lo que celebramos, debemos mirar a la Trinidad. La distinción de las personas en la Trinidad se manifiesta cuando se relacionan una con otra y en sus relaciones con las criaturas. Se comportan siempre como uno. Siempre que hablamos del Espíritu, hablamos de Dios. Y siempre que hablamos de Dios, hablamos del Espíritu, porque Dios es Espíritu. Tampoco podemos pensar en un Jesús dirigido por otra entidad desde fuera de él. Cristo y el Espíritu desempeñan evidentemente la misma función.

Hoy sabemos que el Espíritu Santo es un aspecto del mismo Dios. Por lo tanto, forma parte de nosotros mismos y no tiene que venir de ninguna parte. Está en mí, antes de que yo mismo empezara a existir. Es el fundamento de mi ser y la causa de todas mis posibilidades de crecer en el orden espiritual. Dios llega a nosotros acomodándose al ser de cada uno. El Espíritu nunca supone violencia alguna. No lleva a la uniformidad, sino que potencia la pluralidad, tiene como misión hacernos ser nosotros mismos. El Espíritu es la energía integradora de cada persona y también la integradora de la comunidad.

Hay que tener en cuenta que estamos hablando de Dios que obra desde lo hondo del ser y acomodán­dose totalmente a la manera de ser de cada uno, por lo tanto esa acción no se puede equiparar ni sumar ni contraponer a nuestra acción, se trata de una moción que en ningún caso violenta ni el ser ni la voluntad del hombre.

Ser cristiano consiste en alcanzar una vivencia personal de la realidad de Dios-Espíritu que nos empuja desde dentro a la plenitud de ser. Es lo que Jesús vivió. El evangelio no deja ninguna duda sobre la relación de Jesús con Dios-Espíritu: fue una relación “personal”; Se atreve a llamarlo papá, cosa inusitada en su época y aún en la nuestra; hace su voluntad; le escucha siempre. Todo el mensaje de Jesús se reduce a manifestar esa experiencia de Dios, para que nosotros lleguemos a la misma experiencia.

No estamos celebrando una fiesta en honor del Espíritu Santo ni recordando un hecho que aconteció en el pasado. Estamos tratando de descubrir y vivir una realidad que está tan presente hoy como hace dos mil años. La fiesta de Pentecostés es la expresión más completa de la experiencia pascual. Los primeros cristianos tenían muy claro que todo lo que estaba pasando en ellos era obra del Espíritu-Jesús-Dios. Vivieron la presencia de Jesús de una manera más real que su presencia física. Ahora, era cuando Jesús estaba de verdad realizando su obra de salvación en cada uno de los fieles y en la comunidad.

El Espíritu es la fuerza de unión de la comunidad. En el relato, las personas de distinta lengua se entienden, porque la lengua del Espíritu es el amor, que todos entienden; lo contrario de lo que pasó en Babel. Este es el mensaje teológico. Dios-Jesús-Espíritu hace de todos los pueblos sean uno.




A continuación te dejamos algunos recursos para que puedas armar tu oración en torno a pentecostés, esperamos que te sirvan de guía y disparadores para poder llevarla a cabo.



“Secuencia de pentecostés”


Ven Espíritu Divino,

manda tu luz desde el cielo,

Padre amoroso del pobre;

don en tus dones espléndido;

luz que penetra las almas;

fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma,

descanso de nuestro esfuerzo,

tregua en el duro trabajo,

brisa en las horas de fuego,

gozo que enjuga las lágrimas

y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma,

divina luz y enriquécenos.

Mira el vacío del hombre

si Tú le faltas por dentro;

mira el poder del pecado

cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía,

sana el corazón enfermo,

lava las manchas, infunde

calor de vida en el hielo,

doma el espíritu indómito,

guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus Siete Dones

según la fe de tus siervos.

Por tu bondad y tu gracia

dale al esfuerzo su mérito;

salva al que busca salvarse

y danos tu gozo eterno.



“PADRE AMOROSO DEL POBRE”

“Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”

¿Qué significa ser pobre? ¿debo  ser un mendigo? no, ciertamente no se refiere a que debemos prescindir de nuestras necesidades básicas, tampoco quiere decirnos que nos privemos de las cosas materiales, éste fragmento de la secuencia se refiere a la pobreza de espíritu, nos invita a reconocer nuestras debilidades y a poner toda nuestra vida en las manos de Dios, un Dios manso y humilde de corazón que nos mueve a imitar su modo, un Dios que se encargará de cuidarnos durante nuestro paso por la vida terrena y llegado el momento regalarnos la vida eterna.



“VEN, DULCE HUÉSPED DEL ALMA”

A lo largo de nuestra historia, todos hemos sido testigos de un Dios que nos habita, que se hace presente en lo más profundo del alma.

Al conectarnos con nuestras emociones, deseos, y también heridas, nos abrimos a la oportunidad del diálogo, de una cercanía con este Espíritu que está en sintonía con lo que somos y queremos ser.

El espíritu Santo es ese dulce huésped, que de manera sutil, silenciosa, siempre está dispuesto al encuentro. No nos impone como actuar, sino que desde la libertad, nos invita a mirarnos dentro y conocer, comprender mucho sobre nosotros mismos y los demás.

“Que Tu mirada se pose en mis sentidos, y se filtre hasta los rincones inaccesibles donde te espera  mi yo desconocido” Benjamín González Vuelta, sj.


“DESCANSO DE NUESTRO ESFUERZO, TREGUA EN EL DURO TRABAJO”

Día a día nos esforzamos por cumplir nuestras tareas, nuestras obligaciones, llevamos adelante un arduo trabajo en el que muy pocas veces nos detenemos a reconocer que no estamos solos, es el mismo Jesús quien nos dejó su santo espíritu como refugio del cansancio y consuelo de nuestro corazón.

En este tiempo de pentecostés podemos ofrecer nuestro esfuerzo diario, cada uno de nuestras responsabilidades y pedir la  gracia de encontrarlo en las pequeñas cosas de nuestro día.


“BRISA EN LAS HORAS DE FUEGO”

Hay un fuego que es símbolo de los buenos tiempos, de los buenos recuerdos, de esos sentimientos tan profundos y tan lindos que a veces no podemos abarcarlos con palabras. Pero también hay otros fuegos que representan los tiempos difíciles, esas situaciones que escapan de nuestro control, que aceleran los latidos del corazón, situaciones que nos mantienen ansiosos y de las que muchas veces queremos huir, que nos impacientan y nos preocupan. Puede suceder que en nuestra vida encontremos de éstos fuegos que, de a poquito y sin darnos cuenta, nos van quemando, nos consumen, nos desorientan.

Es ahí donde se nos presenta la imagen del Espíritu Santo como brisa que suaviza la excesiva temperatura de nuestra existencia. La brisa es como el viento suave que hace más llevadero el calor, que modera nuestros fuegos interiores, que calma nuestras ansiedades. La brisa es como un viento que sopla con poca fuerza, que apenas se puede sentir, que no nos asusta ni nos hace escapar. La brisa tiene ese modo de llegar que calma y acaricia.


“GOZO QUE ENJUGA LAS LÁGRIMAS Y RECONFORTA EN LOS DUELOS”

El gozo es un fruto del espíritu santo. Si buscamos esta palabra en el diccionario podemos decir que significa “alegría intensa”; Pero, estar gozoso no es lo mismo que estar alegre, es algo muy diferente; se trata de sentirnos felices sin importar que las circunstancias de la vida sean buenas o malas.

Muchas veces, a lo largo de la vida, nos toca transitar situaciones dolorosas en las que la angustia y la tristeza parecen inundar el alma y transforman nuestro corazón en un corazón herido, desolado y sin esperanzas. Sin embargo, el amor de Dios es tan grande y misericordioso que nos regala su santo espíritu, el cual, en los momentos que pensamos que todo está perdido, enciende una llama de esperanza en nuestro interior, iluminando nuestras miradas, dibujando sonrisas en nuestros rostros, regando el camino con paz y calma.

Capaz nos preguntemos ¿cómo es posible?, sentir tanto dolor y a la vez esa paz y consuelo en el corazón…

Es el espíritu santo, amor infinito entre el padre y el hijo, que  desciende sobre nosotros en forma de gozo, enjugando nuestras lágrimas y reconfortándonos en el duelo, acariciando el alma.

Pidamos la gracia de poder reconocer su espíritu, el cual se manifiesta de manera sencilla y pequeña, que nos enseñe a aceptar y abrazar las situaciones difíciles en nuestra vida; si permanecemos en el amor, todo puede ser de otra manera.



PARA REFLEXIONAR:


¿En qué momentos de tu vida reconoces que el Espíritu Santo se hizo o hace presente?


¿Te gustaría pedirle o agradecerle por algo en particular?



Recursos Musicales


https://youtu.be/FKojpr_GfQg (Fuego Suave - Sofia Rotti y Clara Rotti)


https://www.youtube.com/watch?v=jtt7zyFeNls (Espíritu Santo - Athenas Vénica)


https://www.youtube.com/watch?v=0EGoRH8Tib0 (Como la brisa - Jesús Adrián Romero)





-Equipo de formación de Centro Manresa-